Durante los últimos años, las ventas de los libros de autoayuda se han disparado de manera notable. Algunos expertos señalan que se debe a una fuerte crisis de identidad, propia de nuestra época. Otros, lo ven como el resultado de un hábito generalizado, debido en gran parte a la tecnología actual, de buscar respuestas inmediatas, rápidas y baratas a muchas de nuestras inquietudes cotidianas. Lo cierto es que las personas acuden a este tipo de libro, quieren elevar su autoestima, conocer alguna fórmula para alcanzar el éxito, resolver un conflicto emocional o una crisis existencial.

Buscar este tipo de libro me parece muy positivo. El lector antes de comprarlo puede revisar quién es el autor, su propuesta, el índice y la introducción. No me atrevería a recomendar ninguno en particular porque depende mucho del lector y el momento en que se encuentra. Confío en la inteligencia de las personas y solo ellas saben lo que necesitan. Para mí es poco relevante si este tipo de libro se toma como un manual de instrucciones o una lectura rápida, como critican algunos colegas. Si al concluir la lectura o la consulta del libro, la persona ha logrado alguna comprensión de sí misma y sus circunstancias, su esfuerzo habrá sido recompensado. Esta actitud proactiva posee un gran valor porque la lleva a profundizar cada vez más en los temas que le afectan o preocupan y se mostrará más dispuesta a solicitar la ayuda de un profesional cuando lo piense necesario.