La postura de la Diosa, o postura poderosa nos ancla en lo terrenal a la vez que nos conecta con el espacio infinito, equilibrando ambas fuerzas externas, fluyendo desde nuestra raíz y logrando un efecto físico, emocional y mental muy poderoso.

Es una postura que nos permite equilibrar y manifestar la energía femenina que todos poseemos: calidez, receptividad, creatividad, amor incondicional y cooperativa. No es cuestión de genero, es cuestión de especie y esta energía femenino nos permite sanar la rigidez, la dureza, la distancia y la indiferencia, pero también el poder de la transformación profunda y de los nuevos comienzos; de la presencia firme y poderosa.

En el hinduismo la Diosa encarna todo, en ella conviven las manifestaciones de creación y destrucción, los polos que generan la vida y la trasformación de la materia : la vida y la muerte, parte de una misma unidad. La mayoría de los textos refieren la Postura de la Diosa a la figura de Kali: La diosa hindú de la destrucción, el poder, el tiempo y la transformación.

“Parte de lo que Kali representa es el poder de liberar lo que es verdadero en ti, la verdad última y la que es únicamente tuya. Así que sintonizar con Kali en la vida diaria suele implicar sintonizar con aspectos de ti mismo a los que por general no tienes acceso. Un poder que puede estar fuera de lo convencional por ser fiero y primitivo hablando de la voluntad inquebrantable de plantar cara a tus demonios y a los demás”

A nivel físico, cuando trabajamos con cualquiera de las posturas en Konasana, en ángulos, experimentamos confianza, apertura y entrega…siempre sale un suspiro de apertura que nos lleva a una profunda sensación de bienestar.

Prácticar Utkata Konasana, energetiza y empodera mentalmente, ya que durante su ejecución experimentas gran esfuerzo físico y emocional, especialmente en su variante sobre la punta de los pies.